lunes, 21 de mayo de 2018

Una propuesta de decálogo para ser un buen papá (Parte II)



Cada vez que voy a escribir una nueva entrada en el blog, le pregunto a Sara si está de acuerdo con el tema o con los detalles que puedo dar. A veces está de acuerdo y otras me dice que no escriba sobre determinadas cosas. Una vez que lo publico, se lo leo antes de dormir. Sus reacciones son variadas, a veces se ríe mucho, otras me mira con una ternura que me derrite y otras veces llora como cuando leyó en una de las entradas que por estar cerca de ella yo había renunciado a una oportunidad laboral en México.

También lloró cuando leímos juntxs la primera parte de este decálogo y me preguntó sobre el primer punto en donde expreso que ella es lo más importante en mi vida, y que está por encima de todo y de todxs. Le reafirmé que sí, que la amo por encima de cualquier persona, trabajo o lo que sea en este mundo. Me miró con una hermosa sonrisa en su rostro, me abrazó fuertemente y me dijo "te amo papi". Luego se durmió abrazada a mí.

Como lo señalé en la entrada anterior, mi objetivo con este decálogo es compartir una guía de consejos que puedan ayudar a otros hombres a ejercer una paternidad igualitaria. Los primeros cinco consejos se refieren a mirar a nuestrxs hijxs cuando nos hablan, decirles a diario que les amamos, ver películas juntxs, escuchar su música y compartirles la nuestra, y dormirles por la noche. Hoy comparto los últimos cinco consejos del decálogo que propongo y que me han servido mucho:

6. Regalarle libros. Desde que era muy pequeña siempre tuvimos la certeza que, además de juguetes, debíamos regalarle libros a Sara, sobre todo aquellos con temáticas que fomentan valores como la libertad, la solidaridad, la igualdad y la valentía. Una gran ventaja es que tanto en casa de su madre como en la mía siempre hay libros por doquier, cuando vivíamos las tres en la misma casa había libros en todas partes, por tanto, Sara ha crecido en un ambiente donde los libros son  una parte esencial y ahora para ella también lo son en su día a día. Por eso es una gran lectora y los beneficios de la lectura se notan en su nivel de madurez, en sus conversaciones, en su curiosidad intelectual, en su léxico y en su forma de actuar. 

Recuerdo perfectamente un día que, siendo muy pequeña, su madre llevaba una camiseta del "Notinada" y ella nos preguntó si eso es lo que decía. No le dimos importancia creyendo que había sido una coincidencia, pero ese mismo año ella y yo estábamos esperando la hora para abordar un autobus de Vigo a Panxon, en la estación había una venta de libros en donde compré uno para mí. Sara escogió uno y me pidió que se lo comprara. Regresamos a Panxon y por la tarde me sorprendió verla sentada en el suelo y escuchar que estaba leyendo su libro, con cierta dificultad, pero leyéndolo. Vivir en un ambiente con libros y haber ido al kinder de su tía Dania a los 2 años, hizo que surgiera esa magia maravillosa que tienen los libros.

7. Darle importancia a sus actividades. Muchas veces el trabajo, los compromisos personales o el cansancio evitan que no acompañemos a nuestrxs hijxs a sus actividades. Sin embargo, debemos hacer todo el esfuerzo posible para estar con ellas. Sara juega al fútbol y gracias a las facilidades de horario que tengo en mi trabajo, puedo ir a verla jugar a la mayoría de sus partidos. Algo que puede parecer tan pequeño como un partido de fútbol, puede ser muy importante para ellxs. 

Cuando voy con ella puedo verla contenta, segura, realizada y sé que se siente acompañada. Pero también se ve orgullosa porque lo "normal" es que la mayoría de personas que acompañan a sus hijxs son madres, los padres somos pocos, y yo me siento feliz de hacerle saber con mi presencia que cada cosa que hace es sumamente importante para mí.

8. Dialogar por encima de los regaños y castigos. Algo que me prometí a mí mismo es que jamás le gritaré a mi hija, mucho menos castigarla con golpes. Su cuerpo es sagrado y el eslogan "Mi cuerpo es mío" incluye no ejercer ningún tipo de violencia sobre él. No niego que a veces me enojo mucho, pero hago el intento de hablar con firmeza pero sin gritos ni insultos. Su madre y yo siempre le damos la oportunidad de que dé sus explicaciones y le advertimos que debe intentar ser honesta. Cuando pasa algo que no nos parece, después de hablarlo Sara admite su error y pide perdón. A veces vuelve a cometer el mismo error y le hacemos ver que no vale estar pidiendo perdón y continuar haciendo lo mismo.

Pero esta lógica es en doble vía porque yo también le pido perdón cuando me equivoco. Es importante que ella sepa que ante un error tenemos la oportunidad de reconocerlo y disculparnos. Aunque yo sea su padre y ejerzo cierta autoridad sobre ella, no significa que no deba admitir mis equivocaciones y pedirle que me perdone. Puedo decir con orgullo que jamás hemos necesitado de los gritos y los golpes para que Sara sea una niña ejemplar. De esta manera aprende que los conflictos deben resolverse dialogando y jamás con la violencia. Reconozco que Sara y yo somos iguales en cuanto a "argumentar" cuando discutimos y en muchas ocasiones su madre tiene que jugar el papel de mediadora 😅.

9. Confiar en ella con respecto a sus responsabilidades. Por ejemplo, una vez le dijimos que solo podía usar su tablet cierta cantidad de tiempo, no la vigilamos para ver si cumplía, le dimos la confianza para que administrara su tiempo, pero no lo hizo, así que hablamos con ella, le hicimos ver que lo más importante es que habíamos confiado en ella y que la confianza es algo que jamás debemos perder. Por eso le explicamos que la consecuencia era que no podría usar la tablet durante una semana. Ella lo comprendió y asumió dicha consecuencia.

Sara es una niña como cualquier otra, pero sin duda alguna es una persona ejemplar, responsable y buena. Esta semana, por ejemplo, ha estado en exámenes y sabe que tiene la libertad para administrar su tiempo. Debido a que su madre tuvo que viajar un par de días, la mayor parte del tiempo lo pasó conmigo, así que ella estudió sola cada día, solo me informaba que había terminado de estudiar y que estaba lista para el examen. Yo confié plenamente en ella y ni siquiera le propuse revisar si se sabía las materias. Aunque siempre le hemos dicho que una nota no determina la inteligencia de una persona, sus calificaciones siempre oscilan entre 95 y 100 ( 9 y 10).  

10. Responder a todas sus preguntas. Jamás decirle que se calle o que tal cosa no se pregunta. Hay herramientas que son valiosas para temas que a algunas personas les pueden parecer complicados, como hablar de sexo. Con Sara hemos hablado de ese tema abiertamente y en mi caso particular he respondido a todo lo que me ha preguntado sin ocultarle nada. Una herramienta que me ayudó en las primeras pláticas sobre sexo es "El sexo contado a los pequeños", el cual se puede descargar libremente en "Intercambios Virtuales" gracias a la generosidad de mi querido amigo Jairo Alberto Mejía Rodríguez.

En temas de diversidad, hay una colección de 26 "Cuentos para la diversidad", la cual tiene algunos títulos como "Dos padres", "Nicolás tiene dos mamás", "Una familia diferente", "Una familia muy especial", entre otros. Están clasificados por edades y realmente son muy buenos para ayudarnos a mostrar a nuestrxs hijxs la diversidad como una fuente de riqueza y a explicarles algunos temas que la sociedad patriarcal se ha encargado de convertirlos en tabú.

Espero que este decálogo aporte un granito de arena para aquellos y aquellas que han decidido educar a sus niñas y niños en igualdad. Viendo a Sara, les garantizo que crecen más felices y abiertxs al mundo que es tan diverso como los colores.



lunes, 23 de abril de 2018

Una propuesta de decálogo para ser un buen papá (Parte I)


Hace unas noches mientras platicaba con Sara esperando que llegara el sueño, me sorprendió con la siguiente pregunta: "Papi, ¿vos creés que sos un buen papá?" Reconozco que inicialmente me quedé en silencio pensando en la respuesta. En el fondo yo sé que sí soy un buen papá, pero a veces cuesta auto reconocer cuando hacemos las cosas bien.

Finalmente le respondí que sí, que al menos intento ser un buen papá. Ella me abrazó y me dijo que yo soy el mejor. Obviamente, casi todas las hijas creen que su padre es el mejor, así que mientras ella se quedaba dormida al compás de las canciones de Cri-Cri y de Los Payasitos de la Tele, yo reflexionaba sobre aquellas cosas que son importantes para Sara y que a sus ojos me hacen ser un buen papá.

Al final saqué una lista, un decálogo de acciones que considero me ayudan en el día a día a ejercer una paternidad igualitaria. No es una receta detallada y uniforme, pero al menos es una guía de consejos que quizá pueda servir a otros hombres para reforzar su función de padres en la lógica de acompañar a nuestras hijas para que sean personas seguras, responsables y libres. Hoy comparto las primeras cinco pautas que me han funcionado en mi relación con Sara:

1. Mirarla siempre a los ojos cuando me habla. Cada vez que Sara se dirige a mí yo dejo a un lado el teléfono, la computadora, un libro o abandono cualquier cosa que esté haciendo para prestarle atención. Al hacerlo le envío el mensaje de que lo que me dice es muy importante, sea lo que sea. 

De hecho, esto es algo que le he enseñado, siempre le he dicho que debe ver a la gente a los ojos cuando hablamos. Alguna vez me ha tocado disculparme cuando me he despistado y no la he visto a los ojos mientras me habla, obviamente ella me lo reclama con justa razón.

2. Decirle a diario que la amo y que es lo más importante en mi vida. A veces me pregunta si la quiero por encima de todas las personas de mi mundo y yo le digo que sí, que la amo y que es más importante que mi madre, que mis hermanxs, que su madre, que la pareja que tuve o que pueda tener, que mis amigxs. Y no es un discurso vacío, realmente ella está por encima de todos y de todas. 

Por Sara estoy dispuesto a lo que sea, a renunciar y aceptar cualquier condición a cambio de verla feliz y libre. Cada vez que le digo que la amo, también le recuerdo que es una persona muy buena, que es inteligente, hermosa, solidaria, lista, valiente y que la admiro muchísimo.

3. Ver películas juntxs y tener una conversación sobre ellas. Todos los días estoy pendiente de las películas que pueden gustarle. Estoy atento a sus palabras para conocer sus gustos aunque no me los comente directamente. A veces la sorprendo con alguna película que le he bajado y me pregunta cómo supe que le podía gustar. Acaba de pasar con la película Zombie (un musical), se sorprendió cuando le dije que se la bajé, supe que le gustaba cuando una vez me dijo que quería verla cuando estuviera disponible y al parecer ya no la recordaba.

Escucharla y observarla me brinda mucha información para conocerla mejor. Ya no recuerdo cuándo fue la última vez que fui al cine a ver una película de personas adultas y de mi gusto personal, pero disfruto muchísimo yendo con ella y sus amigas a ver las películas que le gustan. Por otro lado, aunque ya no tenemos nuestros sábados de tarde de cine porque tiene otros intereses y relaciones, siempre encontramos un espacio para ver una película. Las dos últimas que vimos fueron Johnny English y Johnny English recargado (también la escuché una vez comentarle a su madre que quería verlas), comedias cuyo protagonista es el mismo actor que Mr. Bean, el cual nos fascina.

4. Escuchar su música y compartirle la mía. Una de las cosas que me gustan de Sara es que está abierta a explorar los diferentes gustos y ritmos musicales. Así como escucha a Bruno Mars, Malú, Shawn Mendes o  Karol Sevilla (Soy Luna), le gustan algunas canciones de Ricardo Arjona ("Casa de locos"), de Rubén Blades ("Ligia Elena"), de Willie Colón ("El gran varón"), de Calle 13 ("Vamo' a portarnos mal")  de Ismael Rivera ("Tengo un chivo"), de Omar Alfanno ("Paquito el rareza"), de Luis Enrique ("Lo que pasó, pasó") o de lxs cantantes de Operación Triunfo en España. Esto último gracias a que su madre la ha enganchado a ver el programa en Televisión Española. 

Por otro lado, este intercambio de gustos musicales nos ha permitido discutir sobre aquellas canciones cuyas letras son machistas. En este sentido, ella tiene muy claro que algunas letras son misóginas como las que canta Maluma.  

5. Dormirla. Acostarme con ella, platicar sobre cualquier tema antes de dormir, escuchar sus canciones de siempre (Cri-Cri y Los Payasitos de la Tele) y abrazarnos mientras duerme es el acto más hermoso del mundo. Yo realmente animo a todos los padres a que disfruten ese momento, es único, es mágico, es algo que nuestras hijas jamás olvidarán y que valorarán por siempre. Para mí es un momento esencial para conocerla mejor, para saber de sus cosas, de su día a día, de sus temores y de sus sueños. La infancia es una época fugaz, hay que aprovecharla al máximo, como una naranja que hay que exprimir totalmente para disfrutar su jugo. 

Es posible que en un abrir y cerrar de ojos nuestras hijas ya no sean unas niñas y no quieran más nuestras canciones, pláticas y lecturas antes de dormir. Por eso es que yo disfruto intensamente cada vez que Sara se tiene que ir a la cama y motivo a que como padres aprovechemos todas las ocasiones en que se presente la oportunidad para vivir este momento fascinante. 

Continuará...

miércoles, 4 de abril de 2018

Retomando el camino en medio de la crisis


Hace mucho no escribía en el blog. La razón es evidente para cualquiera que le tiene amor a este país tan hermoso y tan trágico que es Honduras: la crisis derivada del fraude electoral y la reelección ilegal de Juan Orlando Hernández, quien terminó imponiéndose con la fuerza de las armas militares y policiales, y la complicidad de Estados Unidos y la Unión Europea.

Estoy seguro que muchas madres y padres se vieron en la complicada situación de intentar explicarle a sus hijas e hijos lo que estaba ocurriendo. Yo confieso que intenté meter a Sara en una burbuja para que no viera ni sintiera la tensión, el miedo y la rabia que  estábamos viviendo y sintiendo quienes creemos en la democracia.

En parte lo logré, particularmente cuando ocurrieron algunos hechos que implicaron un riesgo directo para mi seguridad y la del resto de mi familia. Yolanda y yo hicimos malabares para que Sara no supiera lo que estaba pasando con respecto a nuestra situación particular, aunque ella desde hace mucho está clara sobre la crisis que se venía debido a las ilegales intenciones reeleccionistas del "hombre".

De hecho, me comentó una maestra de su escuela que en una ocasión tuvo que mediar entre ella y un compañerito afin a Hernández por los vínculos políticos de su familia, ya que en una discusión Sara le planteó una serie de argumentos sólidos y objetivos en contra del presidente impuesto que eran muy difíciles de rebatir.

Reconozco que con todo lo que está pasando en el país tengo una serie de sentimientos encontrados con respecto a mi hija. Indudablemente me siento muy orgulloso de ella pues es suficientemente inteligente y sensible para darse cuenta y tener muy claro que Juan Orlando Hernández no es un presidente democrático, ya que se impuso por la fuerza. 

Al mismo tiempo me siento confundido porque desearía que tuviera una niñez sin más preocupación que estudiar y divertirse, sin embargo, es una niña consciente de lo que está pasando con el gobierno autoritario de Hernández y con el gobierno corrupto y antiderechos del Partido Popular que lidera Mariano Rajoy en España.

Y a veces me siento arrepentido porque en 2009 tomamos la decisión de dejar todo en España por regresar a Honduras en nombre de la patria que acababa de sufrir un golpe de Estado y sentimos el llamado de venir a aportar nuestro granito de arena en la construcción de un país democrático. 

Aunque Sara ha tenido una niñez feliz porque ha podido vivir con un pie aquí y un pie allá, cada vez que la veo me pregunto si tenemos derecho a privarla de que crezca en su otro ambiente y en su otra sociedad con condiciones incomparables con las de aquí, a pesar de la crisis que sobrevuelva por Europa.

Hace un par de semanas me dijo que al terminar sexto grado quiere regresar a España e invertir la situación, es decir, hacer su vida allá y vacacionar aquí. En el fondo es lo que deseo porque al menos allá podrá vivir su vida con más libertad y menos temor de sufrir la violencia que enfrentan las mujeres en Honduras, sobre todo porque es una niña que está siendo educada desde el feminismo y, en consecuencia, el patriarcado la atacará sin contemplaciones.

Yo quiero seguir a su lado como hasta ahora, sé que estos primeros años y los que vienen de preadolescencia y adolescencia son cruciales, así que su comentario de estar aquí dos años más me hizo volver a pensar seriamente en mi propio futuro inmediato: o verla crecer desde lejos, lo cual no quiero ni creo estar dispuesto, o dejar todo y seguirla a donde vaya.

lunes, 13 de noviembre de 2017

De Hollywood a Madrid... a Tegucigalpa... (una carta)



Estocolmo, 12 de noviembre de 2017.

Hola Sara, desde hace días quiero platicar con vos sobre algo que seguramente vas a descubrir muy pronto y con toda su crudeza cuando te hagás mayor. Por la distancia decidí escribirte esta breve carta como una introducción a nuestra plática personal sobre un tema cuya gravedad no había asumido en su justa dimensión.

Cuando leí sobre las denuncias de varias mujeres que habían sufrido acoso y otras agresiones muy graves por parte de un productor de cine en Hollywood, llamado Harvey Weinstein, no dudé que no se trataba de un caso aislado, tal como lo evidenciaron las posteriores denuncias de muchas mujeres contra otros hombres en ese medio o en España y demás países.

Sin embargo, algo dentro de mí eludía aceptar que es una realidad que sufren muchísimas, si no todas las mujeres en el mundo, particularmente las que están cerca, las que son mis familiares, mis amigas, mis compañeras, mis colegas, mis conocidas.

Seguramente el machito que se niega a morir dentro de mí me disuadía a pensar que si bien es una situación extendida, no podía pasar en los espacios comunes en los que estoy involucrado. Incluso, la soberbia de considerarme un hombre que ha avanzado en encontrar otras formas igualitarias de relacionarme con las mujeres, me hizo autoexcluirme de esa violencia que es el machismo.

Pero luego llegaron las pláticas con compañeras y amigas, y las denuncias valientes de algunas de ellas sobre las agresiones que han sufrido y que sufren. Te juro Sara que cuando sentí la cercanía de las denuncias pensé inmediatamente en dos cosas.

En primer lugar, pensé en vos y en tu futuro como mujer, en lo que tendrás que enfrentar porque la gravedad de esta violencia tristemente no se acabará mañana. Me duele y me da vergüenza darme cuenta que miles de mujeres son asesinadas en tus dos mundos, América Latina y Europa, y que millones son víctimas de violencia machista como violencia sexual, violencia física y acoso sexual.

En segundo lugar, pensé en mí y fue como verme en un espejo porque automáticamente repasé algunas etapas de mi vida que pude recordar, y me dio miedo y asco al reconocer que en algunos momentos yo he sido y soy un machista, que he sido un acosador, que me he aprovechado de mi masculinidad patriarcal y que me he callado frente a las injusticias de género o frente a lo que Irantzu Varela llama "una guerra contra las mujeres".

No me justifico mi amor, pero debés saber que uno de los mayores triunfos del machismo y del patriarcado es habernos hecho normalizar los privilegios y el poder que tenemos los hombres sobre las mujeres, el considerar que ustedes son un objeto y son nuestra posesión, y que por eso podemos desde compartir impunemente fotos y videos privados de amigas, compañeras y conocidas, hasta agredir sus cuerpos.

Todo lo anterior me ha calado muy fuerte estos días y por eso quiero pedirte perdón y a través de vos a todas las mujeres a las que he tratado desde la concepción patriarcal de las relaciones. Pero mi amor, para tu tranquilidad mi machismo no ha llegado a los extremos más terribles y sé que no es suficiente con pedir perdón.

Por eso desde hace años inicié mi propio proceso de deconstrucción y construcción, y vos que sos mi hija sabés muy bien que como padre he intentado ser un ejemplo de paternidad igualitaria; también otras mujeres y hombres que están cerca de mí son testigos que pese a mis errores y mis retrocesos, intento avanzar hacia relaciones de igualdad y de dignidad.

También sé que todavía no es suficiente y por eso, mi amor, te prometo que, en general, voy a seguir con mi proceso personal para convertirme algún día en un hombre igualitario del que te sintás orgullosa. Mientras tanto, en concreto te prometo hacer y continuar haciendo algunas pequeñas cosas para aportar a esta lucha por la igualdad.

Este es mi decálogo de pequeñas promesas para vos:

1. Prometo cuidar mi tono de voz al hablar y al discutir, y no quedarme callado ante comentarios, bromas o chistes machistas y homofóbicos.

2. Prometo no compartir nunca fotos y videos privados de mujeres, o fotos en los que se ridiculiza a un hombre vistiéndolo de mujer, como si lo femenino fuera un insulto, y continuar reclamando cuando alguien cercano lo haga.

3. Prometo concientizar a mis amigos y compañeros sobre la importancia de las relaciones igualitarias.

4. Prometo estudiar mucho más sobre feminismo, igualdad, derechos de las mujeres y las niñas, y nuevas masculinidades, y compartirte todo lo que pueda para que vos te convirtás en una mujer feminista.

5. Prometo comprarte todos los libros y materiales que pueda y que te ayuden a empoderarte y a visibilizar la importancia de las mujeres en las ciencias, el arte, la política y en la historia de la humanidad en general.

6. Prometo intentar ser un buen compañero de tu mami en este viaje complejo y hermoso de maternidades y paternidades.

7. Prometo acompañarte en el día a día, apoyarte en tus sueños y en tu libertad, y en tus decisiones.

8. Prometo ponerme a tu lado en tus luchas, que estoy seguro serán bastantes porque vos sos una niña libre, valiente, autónoma, inteligente y lo serás mucho más cuando seás mujer, y eso no lo soporta el patriarcado.

9. Prometo seguir siendo tu compañero en esta aventura que es la vida, haciéndote reir, bailar, soñar, volar y luchar con alegría aún en medio de las tristezas.

10. Prometo dar todos los pasos necesarios, por muy pequeños que sean, para contribuir a que algún día se termine esta "guerra contra las mujeres".

Vos sos mi mayor motivación, mi vida, y por vos estoy convencido que debo aportar mi granito de arena para que este mundo sea menos patriarcal y más feminista.

Te amo, mi amor.

Tu papi.