lunes, 24 de julio de 2017

Entre viajes e independencia



Hace más de dos semanas Sara viajó a la tierra que la vio nacer y en donde vivió su primer año de vida. Cada año se va dos o tres meses a pasar el verano con su familia materna, alguna vez incluso la navidad.

Aunque ahora la tecnología juega un papel fundamental para mantener los lazos con la gente querida a pesar de las distancias, pasar esos meses en Galicia le permite fortalecer el vínculo con una parte de sus raíces y reafirmar su identidad gallega y española.

De estos y otros viajes hay tres cosas que Sara ha aprendido y que están siendo esenciales para el desarrollo de su personalidad. En primer lugar, que es una ciudadana del mundo, que debe aspirar siempre a conocer y explorar todo lo que pueda, que la acumulación de experiencias vividas es más importante que la acumulación material y que la riqueza del mundo está en su diversidad.

En segundo lugar, que no debe temer jamás a la independencia, al contrario, debe luchar por ella permanentemente. Con esta lógica, hasta los cuatro años siempre viajó a España con su madre o conmigo pero solo podía disfrutar un mes debido a que es el tiempo de nuestras vacaciones.

Sin embargo, cuando cumplió cinco años le dimos a elegir entre irse sola bajo el programa de "menor no acompañada" y pasar tres meses en Galicia, o irse con mamá o conmigo pero solo tener un mes para disfrutar del verano español junto con sus amigxs y familia materna.

Me siento orgulloso de recordar que a sus cinco años tomó la decisión de realizar sola un viaje tan largo. La llevamos a San Salvador y de ahí voló hasta Madrid y de la capital española hasta Vigo. Mientras ella volaba, su madre y yo nos quedamos en casa de Marta y Julio, y yo no dormí absolutamente nada esperando la noticia de su llegada, la cual apareció al siguiente día a través de una foto por WhatsApp en la que era recibida en el aeropuerto por sus abuelxs, tíxs y primxs.

Cuando le pregunté personalmente cómo había estado su viaje, me contó que se lo pasó genial, que hizo un nuevo amiguito con el que compartió vuelo y que quería seguir viajando así. Desde entonces, cada año realiza un viaje de 14 horas aproximadamente y en cada viaje, mi hija se vuelve más autónoma e independiente. 

Y en tercer lugar, que su independencia debe ser integral, ya que es normal que durante un par de meses separadxs me extrañe a mí o a su madre; sin embargo, constantemente le digo que extrañarme no tiene nada de malo, siempre y cuando no implique que deje de disfrutar. 

Si por extrañarme no disfruta, entonces no es algo bueno, pues le insisto que la vida solo es una y es muy corta, y que debe vivir intensamente cada minuto de felicidad que se le presente, conmigo o sin mi.

Por eso, cuando se va ni siquiera me comunico con ella para dejarla que disfrute esa otra parte de su vida lejos de mí. Además, no quiero experimentar lo de su madre, que cuando trata de hablar con ella por teléfono, Sara le manda a decir con su abuela que no tiene tiempo. 

lunes, 10 de julio de 2017

Cinco anécdotas que me llenan de orgullo y ternura



A lo largo de estos años he vivido momentos inolvidables que me indican que estamos en el camino correcto con la educación de Sara, pues reflejan su crecimiento humano, su desarrollo de una visión crítica, su sentido del humor y su claridad sobre su lugar en este mundo.

Hay cinco pequeñas anécdotas que me provocan una sonrisa y una sensación de orgullo y ternura cada vez que las recuerdo.

La primera. Cuando Sara tenía 4 años y estaba en el kinder, su maestra estaba contándoles la historia de Lempira y la forma cómo fue asesinado por los españoles. Al escucharla, inmediatamente Sara levantó la mano y le dijo a su profesora que habían sido otros españoles los que le habían dado muerte al líder indígena, pues ella y su familia materna no tenían nada que ver con ello.

Imagino que alguna vez habrá escuchado a su abuelo materno comentarme que ningún gallego había venido a "conquistar" a América, pues Galicia también había sido obligada a unirse con los reinos de toda España mediante el matrimonio de los llamados "Reyes Católicos". Y por tanto, quienes llegaron a América eran españoles procedentes de Castilla, Extremadura y Andalucía, pero no de Galicia, Asturias, Navarra y País Vasco.

La segunda. Fuimos por ella a la escuela y se vino con nosotrxs una amiguita para jugar en casa. Durante el trayecto, su amiguita le preguntó si se iba a casar. Mi hija le respondió que no, así que su amiguita le dijo que entonces nunca tendría hijxs. Sara le respondió con firmeza: "No necesito a un hombre para tener hijxs, si es que decido tenerlxs cuando sea mayor".

Aclaro que su respuesta no tiene nada que ver con una visión en contra de los hombres, simplemente refleja su claridad de que tomará libremente una decisión cuando sea mayor sin que la condicione la presión social hacia las mujeres para ser madres. Además, también tiene claro que la diversidad humana va más allá de la heteronormatividad.

La tercera. Sara es una niña que como buena gallega come de todo y muy bien. Sin embargo, un día no se estaba comiendo su ensalada, así que su madre le pidió que por favor se la comiera porque es buena para su salud y su cuerpo. Sara le respondió que no quería, así que su madre insistió. Después de un intercambio de "come la ensalada" y "no quiero mami", Sara terminó la conversación diciéndole a su madre: "Mamá, es mi cuerpo".

Su respuesta nos dejó sin palabras porque en el fondo ella tiene razón, "es su cuerpo" y le hemos enseñado que nadie tiene el derecho a incidir sobre él, solo ella. De hecho, yo le he enseñado que "no es no", incluso cuando le hago cosquillas y ella me dice que pare, dejo de hacerlo inmediatamente sin insistir para que comprenda que un "no" no es un "sí camuflajeado" o un "no pensando en un sí", como dice una canción de Ricardo Arjona.

La cuarta. Hace un par de años fuimos a San Salvador para participar en el aniversario de los mártires de la UCA. Por el día visitamos el lugar donde vivió Monseñor Romero y disfrutamos escuchando las historias que sobre él nos contaba la persona encargada. Al salir del lugar, Sara se me acercó y me dijo preocupada y con lágrimas en sus ojos: "Papi, si a Monseñor lo mataron por luchar por la justicia, ¿a vos también te van a matar?"

Su pregunta me hizo ver que ella comprende perfectamente lo que hago en mi trabajo de promoción y defensa de derechos humanos, y las implicaciones que tiene. Tuve que contener mis lágrimas para calmarla e intentar convencerla de que yo me moriría de viejito aunque en el fondo sé, por experiencias pasadas y la situación actual, que quienes apostamos por una sociedad más justa y compartida, estamos en permanente riesgo.

La quinta. En todo momento aprovecho para decirle a Sara que la amo. Ella siempre me responde que también me ama, así que yo le replico que yo la amo más. Ella me pregunta por qué creo que la amo más de lo que ella me ama y yo le respondo que soy más grande, y en consecuencia, mi cuerpo tiene más espacio para guardar amor. Sin embargo, su respuesta me deja sin argumentos pues me dice: "Yo te amo más porque al ser más pequeña conozco menos gente y por tanto, comparto menos mi amor y vos recibís más".

Mi hija de 8 años me enseñó algo que yo nunca comprendí hasta hace muy poco, que es mentira que nunca hay suficiente amor para todo el mundo y que darle amor a una persona no significa quitarle amor a otra. 

Las consecuencias de pensar con la lógica de una "economía de la escasez", nos lleva a volvernos personas posesivas y a ver el mundo desde una perspectiva limitada según la cual el amor que entregamos y recibimos sale de un fondo común que nunca es suficiente y, por lo tanto, tenemos que luchar para conseguirlo y mantenerlo, a menudo en una lucha a muerte con otras personas*.

Me alegra ver que Sara va creciendo con la libertad de darse cuenta que, como lo dice Dossie Easton y Janet H. Hardy, hay suficiente amor, compromiso, apoyo y cuidados para todas las personas porque no hay una cantidad limitada de amor, porque a pesar de todo el mundo ofrece amor de sobra.

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* Recomiendo ampliamente el libro "Ética promiscua" de Dossie Easton y Janet W. Hardy. Hay una versión digital (no oficial) que puede ser descargada aquí: http://www.amorlibre.org/files/etica_promiscua_-_dossie_easton-372.pdf

martes, 27 de junio de 2017

"Primero padre, luego hombre"


Platicando con alguien a quien aprecio (Yari), me compartió una frase que su padre, Edgardo, siempre usa cuando se trata de prioridades, la cual me llamó poderosamente la atención: "Primero padre, luego hombre".

Creo que esa breve frase encierra perfectamente la forma en que yo decidí vivir mi paternidad y reconozco que en ocasiones la he llevado a tal extremo que ha significado renuncias, pérdidas y soledades.

En estos últimos años he sido siempre primero padre y luego todo lo demás, y por eso quizá no he sido suficientemente bueno como pareja ni como amigo ni siquiera como padrino (seguramente Marito, Guido y Zulma estarán de acuerdo conmigo).

De hecho, me he dado cuenta que desde hace mucho tiempo nadie me invita a bautizos, bodas, graduaciones y fiestas, y los únicos cumpleaños a los que voy son aquellos en los cuales Sara es la invitada y mi papel se limita a ser su acompañante-chofer.

Recuerdo que hace un par de años se me presentó una oportunidad laboral con una oferta económica irrechazable. La única cuestión es que era en Tegucigalpa y tenía que pasar prácticamente todo el tiempo allá por la importancia del cargo.

Debido a las implicaciones políticas, profesionales y de seguridad, consulté con varias personas. Algunas me dijeron que aceptara y otras que no. Sin embargo, la decisión final de no aceptar se debió a Sara.

Una noche mientras la dormía, le expliqué que me habían ofrecido un trabajo y que aunque eso significaba que yo tenía que irme a otra ciudad, tendríamos más dinero para comprar cosas, incluso para que ella fuera a España en navidades, no solo en verano.

Su respuesta fue contundente y convincente. Se me acercó, me abrazó muy fuerte y me dijo: "Papi, el dinero no importa, pues lo importante es que estemos juntxs". Confieso que lloré con su comentario y en cuanto se durmió, escribí el mensaje respectivo para decir que no aceptaba el cargo.

Un tiempo después recibí la oferta laboral que cualquier investigador sueña: una plaza de profesor-investigador en una universidad mexicana con un potente proyecto en materia de derechos humanos. Evidentemente, ello implicaba mudarme a México y posiblemente separarme de Sara o separarla de su mamá por un tiempo.

Debo agradecer al director de la facultad por su paciencia al esperar mi respuesta y sobre todo por su comprensión cuando le dije que no podía aceptar la plaza porque Sara es mi prioridad. No puedo negar que me dolió "perder" esa irrepetible oportunidad, pero no me arrepiento ni un segundo.

La frase de Edgardo "Primero padre, luego hombre" se ha convertido en mi eslogan y ha sido mi proyecto de vida, y aunque hay quien me dice que me quedaré solo porque Sara algún día se irá, mientras ella esté pequeña y la tenga cerca, la voy a disfrutar a tope, implique lo que implique.

Cuando Sara me pregunta qué tan importante es ella para mí, siempre le respondo que es el centro de mi vida, que su bienestar está por encima de cualquier cosa y que estoy dispuesto a renunciar a todo y a todxs por ella. Hasta el momento estoy absolutamente convencido que quiero seguir siendo "primero padre, luego hombre".

domingo, 18 de junio de 2017

Antes novixs y amigxs, ahora hermanxs y amigxs


Hace unos años Sara tuvo que enfrentar una de las situaciones más difíciles de su corta vida: la separación de su papi y su mami. Si para nosotrxs era duro siendo personas adultas, evidentemente nos preocupaba muchísimo saber cuánto le afectaría a nuestra pequeña niña.

Aunque en una ruptura la responsabilidad es compartida y es un proceso doloroso, nuestras particulares circunstancias nos permitieron afrontar con madurez y cariño el hecho de que era mejor separarse y reformular nuestra relación convirtiéndola en amistad.

Por eso, cuando tomamos la decisión definitiva, acordamos hablar lxs dos con ella, manejar un mismo discurso e intentar hacerle sentir que las cosas no cambiarían drásticamente, pues continuaríamos siendo una familia, diferente pero siempre familia.

Sabíamos que teníamos cierta ventaja porque pese a los errores y al duelo que representa una separación, la nuestra fue cariñosa, con mucha comunicación, tratando de no hacernos daño y cuidándonos mutuamente, como lo plantea Coral Herrera Gómez en su artículo "Rupturas amorosas, separaciones cariñosas"*.

Ni antes ni después Sara presenció gritos o insultos, mucho menos violencia física, simplemente porque jamás existieron. Además, le habíamos mostrado a través de cuentos y películas que una separación no implica dejar de quererse y de cuidarse. Nosotras tres somos el mejor ejemplo de ello porque años después seguimos cuidándonos, queriéndonos y apoyándonos como familia.

También le habíamos enseñado que existen muchos tipos de familia: familias tradicionales (un papá, una mamá e hijxs), familias lesbomaternales (dos mamás e hijxs), familias homoparentales (dos papás e hijxs), familias de madres o padres solxs, familias sin hijxs, familias con hijxs adoptadxs, entre otras.

Pese a toda esa preparación, las preguntas cruciales seguían siendo, ¿cómo explicarle a una niña tan pequeña que su papi y su mami han decidido separarse y que ya no van a vivir juntxs?, ¿cómo mostrarle que "las separaciones cariñosas no son una utopía" y que "otras formas de separarse son posibles"?

Al hablar con ella le dejamos muy claro que continuaría siendo nuestra hija y nosotrxs su papi y su mami, que la seguiríamos queriendo, cuidando y apoyando muchísimo, y de forma incondicional, que continuaríamos siendo una familia y que mamá y yo ahora nos queríamos de otra manera.

No necesitamos decir mucho más para que ella reflexionara un momento y prácticamente nos interrumpiera para decirnos, literalmente, "o sea que ustedes antes eran novixs y amigxs, y ahora son hermanxs y amigxs". Sin duda alguna, la claridad de su razonamiento fue contundente. ¡Cuánto quisiera que todo el mundo lo entendiera como​ mi hija!

A partir de ahí iniciamos un proceso de adaptación a la nueva realidad que implicó decidir que en un primer momento ella se quedara "formalmente" conmigo para no sacarla de su ambiente en el hogar inicial y avanzamos​ en hacerle sentir que la nueva casa de mamá, una vez acondicionada, también era la suya. 

Desde un principio intentamos que, en el día a día, Sara viva con normalidad la experiencia de tener dos casas en las que pasa su niñez por igual, sin que sienta que una es más "su casa" que la otra.

Con el tiempo asumió como ventaja el hecho de tener dos casas, dos carros, dos espacios y la ampliación de la red de personas que podían quererla (las nuevas parejas de papá y mamá). Se portó de maravilla y se sintió feliz cuando le conté que había comenzado una nueva relación y la conoció y trató, y asumió con la misma madurez la ruptura pese a la pena que le provocó y que vio en mí a pesar de mis intentos de disimularlo. 

También debo señalar que se ha querido "aprovechar" de esa ventaja para decir que ahora tiene derecho a recibir dos regalos de cumpleaños, de navidad, de año nuevo y de reyes, uno de papá y uno de mamá, y no uno solo como sucedía antes cuando éramos pareja. En broma y en serio nos lo dijo para ver si colaba. Reconozco que conmigo lo logró 😊.

No puedo negar que hubo momentos en que nos cuestionó a su madre y a mí nuestra decisión de separarnos, y nos planteó que quería que estuviéramos juntas las tres nuevamente. Siempre la dejamos hablar, llorar, desahogarse y luego volvíamos con nuestros argumentos hasta que lo comprendía.

Una de las cuestiones fundamentales en este proceso fue intentar mantener regularmente nuestro espacio familiar, lo que implica salir con ella al cine, de viaje o a comer. Esto permite que Sara sienta que su familia sigue intacta pero de una forma diferente. Lamentablemente en nuestras sociedades esta situación se ve con recelo porque se sale de los moldes patriarcales que proscribe que una pareja separada pueda tratarse con cariño y ternura.

Con el paso de los años Sara se ha adaptado a vernos a las tres desde otra perspectiva familiar y entiende que el hecho de no vivir bajo el mismo techo o que su mami y papi ya no sean "novixs y amigxs", sino "hermanxs y amigxs", no afecta el amor y cuidado que nos tenemos como familia, en donde ella es el núcleo fundamental.

Hace un par de meses fui por ella a la escuela y su maestra me pidió unos minutos para decirme que estaba orgullosa de Sara porque es una niña madura, solidaria y maravillosa, ya que había confortado a una de sus compañeritas que estaba pasando por un mal momento.

Me contó que esa niña estaba muy triste debido a la separación de su papá y su mamá. Sara lo supo y por iniciativa propia se le acercó para decirle que su tristeza era normal, que todo iba a estar bien, que lo importante es que su papi y su mami siempre la van a querer, y que la mirara a ella que había pasado por lo mismo y era feliz.

Lloré cuando la maestra me lo contó y lloro cada vez que lo recuerdo porque me siento orgulloso, emocionado y satisfecho de saber que pese a los errores cometidos, no nos estamos equivocando en la forma en que estamos guiando a Sara en el camino y búsqueda de su propia identidad y humanidad.
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* Recomiendo ampliamente el artículo "Rupturas amorosas, separaciones cariñosas" de Coral Herrera Gómez. Accesible en http://haikita.blogspot.com/2014/10/rupturas-amorosas-separaciones-carinosas.html