martes, 2 de octubre de 2018

Conversaciones con mi hija sobre el amor y las relaciones de pareja

Cada vez que salimos a comer por nuestra cuenta o por invitación de alguien, Sara siempre me molesta diciéndole a medio mundo que yo estoy a dieta debido a que mi alimentación es baja en azúcares y carbohidratos. Para "defenderme", le respondo que lo hago por ella, al igual que saltar la cuerda cinco veces a la semana, pues tengo que estar en forma para que ella pueda decir que tiene un "papá sexi".

Su reacción siempre es decir "¡papá!" en tono medio molesta, aunque realmente se ríe de mi ocurrencia. También a veces me acompaña al banco o salimos a tomar un helado o a hacer cualquier otra cosa, y le pido por favor que cuando estemos en un lugar donde hayan chicas interesantes que no le diga a nadie que soy su papá, sino su primo, así que ella comienza a gritar "¡papi!, ¡papi!" para asegurarse de que el universo entero sepa que es mi hija y no mi prima.

Estos juegos recurrentes entre nosotrxs tienen de fondo un escenario de varias pláticas que han surgido entre Sara y yo debido a su reciente interés en conocer más sobre mi vida amorosa, algo que lógicamente se ha ido acentuando con la edad y que me ha hecho reflexionar y evaluar críticamente la forma en que gestiono mis sentimientos y me relaciono con las mujeres con quien comparto un momento en este camino que es la vida, independientemente que sea breve o largo.

Uno de los temas complejos de los que hemos hablado es sobre el poliamor. El tema surgió porque un día me preguntó por qué estaba solo, si no me gustaba alguna chica. Le respondí que sí, que había un par de mujeres que me parecían muy actractivas en todos los sentidos y con quienes coincidía en muchas cosas. Inmediatamente me cuestionó si podían gustarme dos o más chicas a la vez, lo cual me obligó a ordenar mis ideas para intentar explicarle lo que yo pienso al respecto.

Le dije que yo creo que es posible amar a dos personas al mismo tiempo porque el amor no es un bien escaso, al contrario, es un bien abundante e infinito. Pero más allá de ello, lo que más me importó transmitirle es que existen diferentes caminos o herramientas para buscar ser feliz en el amor, algunas de las cuales son la monogamia y el poliamor. La primera te dice que el amor es un asunto exclusivo entre dos personas y la segunda que puede incluir a más de dos.

Le expliqué que el problema es que muchas veces confundimos el fin (ser feliz en el amor) con los medios (monogamia, poliamor, anarquía emocional, etc.) y que al final lo importante no es tanto los medios, sino que las personas tengan la libertad de decidir qué tipo de relación quieren construir; sin embargo, el patriarcado ha logrado despojarnos de esa libertad primaria al darse por sentado que cuando dos personas se atraen, se gustan o se quieren, automáticamente o by default su relación debe ser monógama sin plantearse siquiera la posibilidad de sentarse a negociar y consensuar el tipo de relación que desean.

Por tanto, el asunto trascendental aquí es la libertad: algunas parejas podrían decidirse por la monogamia, otras por el poliamor, pero lo fundamental es que tengan la autonomía de convenirlo mediante el diálogo transparente y honesto, y el consenso, valorando sus propias circunstancias, midiendo los niveles de madurez y confianza para la gestión de los celos y para compartir lo bueno o lo malo que van sintiendo, y llegando a acuerdos que les permitan escoger el "medio" más adecuado para caminar juntxs hacia el objetivo final que es ser feliz en el amor.

Muchas veces se cree que el poliamor es un estadio superior a la monogamia y que quien ha tenido experiencias poliamorosas nunca vuelve a tener relaciones monógamas porque sería un retroceso. Desde mi experiencia muy personal puedo decir que cuando tenemos claro que lo que interesa es el fin y no los medios, uno puede transitar entre relaciones abiertas a relaciones cerradas y viceversa, pues lo más importante son dos cosas: sentirse bien y ser feliz, y tener la libertad de decidir en igualdad de condiciones el tipo de relación que se desea en cada etapa de la vida. Es posible que en una etapa se prefiera el poliamor y en otra la monogamia.

Le expliqué a Sara que, por ejemplo, en mi última relación más duradera todo comenzó de forma abierta y después de dialogarlo decidimos cerrarla por plazos, es decir, acordamos ser monógamos por un mes la primera vez. Después de vencido ese plazo inicial, nos volvimos a sentar para consensuar y decidimos ampliarlo a dos meses, luego a tres y así sucesivamente hasta adoptar el acuerdo final de cerrar nuestra relación de forma contínua. Puedo decir que fue simplemente hermoso y que volvería a repetir esa experiencia sin ninguna duda.

Cualquiera podría decir que es una locura hablar de "plazos de exclusividad", sin embargo, cada fecha de vencimiento era una hermosa oportunidad para sentarnos a dialogar sobre el tipo de relación que queríamos construir. En otras palabras, no dimos por sentado nada, ejercimos nuestra libertad, no se nos impuso un único "medio" para buscar la felicidad en pareja, pudimos hablar y construir una relación a nuestra medida y la dejamos evolucionar. 

Otro tema que hablamos surgió de su pregunta sobre si yo beso a chicas que me gustan, pero que no son mis novias. Le dije que sí, incluso que puede haber sexo de por medio. Obviamente, la expresión de su cara fue la normal desaprobación de una niña de su edad ante estas cosas, casi haciendo un gesto de asco. Pero fue una oportunidad para hablarle sobre el sexo ético y explicarle que para involucrarse sexualmente con alguien, independientemente de la existencia o no del sentimiento del amor, es necesario que haya una conexión que no es únicamente física. 

Le dije que tener sexo por placer no es algo sucio ni malo, siempre y cuando quienes deciden hacerlo se cuiden mutuamente, sean responsables y lo más transparentes posible sobre las reglas del juego, es decir, sobre lo que se puede dar, no dar, esperar o no esperar en esa relación. Le hice ver que al final de cuentas todas las relaciones son importantes, duren un día o duren años, y por eso es fundamental autocuidarse y cuidar a la otra persona, e intentar que mínimamente se generen las condiciones para sentar las bases de una posible amistad. 

Explicarle estas cosas a mi hija me permitió dialogar conmigo mismo y darme cuenta de tres cuestiones que debo reconocer: primero, en una etapa de mi vida no vi las cosas así y cometí muchos errores de los cuales me arrepiento, pero quizá ello me ayudó a profundizar mi proceso de deconstrucción e intentar relacionarme mejor desde la ética; segundo, soy un hombre afortunado porque he tenido el privilegio de coincidir con mujeres que son maravillosas, grandes seres humanas y de quienes he aprendido tanto sin que muchas veces ellas lo supieran; y tercero, no he sido capaz de vivir esas relaciones más profundamente y con la intensidad suficiente por miedo a ir más allá de la amistad o del sexo ético.

Para bien o para mal, me he preocupado más por intentar ser honesto y dejar claro desde un principio que no tengo nada que ofrecer más que amistad y que mi prioridad es Sara, que por disfrutar las veces en que el corazón ha querido liberarse de las reglas rígidas que me he autoimpuesto. Quizá debajo de estas justificaciones solo se enconde una realidad: que en cierta medida me he comportado como lo que Coral Herrera llama un "mutilado emocional".

En otras palabras, he puesto mi corazón en una caja fuerte para evitar enamorarme y que se enamoren de mí, y aunque creo y espero haber sido medianamente un buen compañero dentro de los parámetros de la amistad y el sexo ético, no he sido lo suficientemente valiente para dejar que el amor fluya, e incluso en ocasiones me he alejado o he intentado aplastar cualquier atisbo de enamoramiento. Como me dijo Sara al leer esta entrada antes de darme su aprobación para publicarla: "Eso está muy mal papá".

Desafortunadamente, todavía no he aprendido la lección y es un asunto en el que estoy en deuda con mi propio proceso de deconstrucción. Yolanda ayer me dijo algo al respecto que me impactó y sobre lo cual tiene toda la razón: "[...] así como tenés una facilísima habilidad para desnudarte en las redes sociales, es inversamente proporcional a tu capacidad de hacerlo en persona".

Por eso mis pláticas con Sara sobre estos temas siempre terminan con el consejo de que viva intensamente, que exprese sus sentimientos, que disfrute lo que va encontrando en su camino, que no se detenga a pensar si durará mucho o poco, que se deleite en los momentos, que disfrute de las personas y las experiencias, y que viva en libertad siempre y cuando cumpla con dos máximas fundamentales: que siempre se dignifique y se respete a sí misma, y que respete la dignidad de todas las personas con quienes se relaciona hoy y se relacionará mañana. 

Es un consejo que me he comprometido a aplicar en mi propia vida de ahora en adelante, pero creo que no podré cumplirlo si no tomo seriamente ese tiempo de absoluta soledad que hace mucho me viene exigiendo el alma.

8 comentarios:

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    1. Gracias por tomarte el tiempo de leerlo querido Paco, un fuerte abrazo.

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  2. Hermano, muchas gracias por tu reflexión y lucidez honesta. Me hace mucho bien leerte, para mi propio proceso de deconstrucción-reconstrucción. Dignidad, libertad y felicidad como principios y motores de actuación, por ahí va también mi apuesta. Un abrazo, con admiración y cariño desde México.

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  3. Este articulo, amigo Joaquin, ha hecho que recuerde mis relaciones y el aprendizaje que me dejo cada una. Me he descubierto dando siempre mas de la cuenta, dando libertades que no me permiti a mi misma. Me encanta leerte.

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    1. Gracias por tu reflexión Ivannia, al final de todo lo más importante es que cada relación nos deja una lección; el desafío está en poder aplicarla para dignificarnos e intentar ser felices en el amor, entendido en sentido muy amplio. Un abrazo.

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  4. Simplemente hermoso. Me encanta esa relacion padre-hija; hija-padre de la cuál ambos se nutren mutuamente en todos los sentidos. Gracias por compartir, en verdad ayuda a que otras personas reflexionemos sobre nuestro sentir y pensar. Personalmente el poliamor me conflictúa un poco, siento que más por una cuestión relacionada a que tiendo a ser muy entregada y dedicada a mis relaciones (cualquiera que sea el título o aún sin título), pero estar con más de una persona me implicaría invertir y dedicar tiempo, energía y hasta dinero, que quizás no tengo, a dos o más personas y prefiero dedicarlo a una sola persona (relación), porque no olvidemos que cualquier que sea el tipo de relación hay que cuidarla y cultivarla. Sin embargo, leer lo que escribe me hace pensar desde otra perspectiva el poliamor y creo que lo fundamental es poder hablar y llegar a acuerdos consensuados. Siempre como dice, con respeto y cuidándose a una misma y a lxs demás involucradxs. Ojalá aplique los consejos que da y escuche a su alma, eso es muy importante en cualquier relación.

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    1. Muchas gracias Andrea por tomarte tu tiempo a leer la entrada y a compartir tus reflexiones desde tu propia experiencia. Estoy de acuerdo con vos en lo que planteás, de hecho, yo siento que es difícil cumplir con ciertas expectativas con una sola pareja y, por tanto, con dos es más complicado; no obstante, creo que en la libertad y en la posibilidad del amor abundante. Al final de cuentas, lo que vale es la libertad para decidir independientemente del medio que se elija para ser feliz en el amor. Un abrazo y te aseguro que estoy en mi propio proceso de aplicar los consejos que le doy a Sara. Gracias nuevamente.

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