lunes, 14 de octubre de 2019

Sí, mi hija es una niña empoderada


En diciembre de 2011 la Organizacicón de las Naciones Unidas decidió que cada 11 de octubre se conmemore el día internacional de la niña con el fin de promover el reconocimiento de sus derechos  y de los obstáculos que las niñas enfrentan en todo el mundo, especialmente en los países menos desarrollados.

Bajo los hashtags #NiñasNoMadres y #NiñasFelices en #Honduras, el Centro de Derechos de Mujeres (CDM) publicó la imagen que acompaña esta entrada, la cual se titula "Empodera a una niña y cambia el mundo". En cuanto la vi, la compartí en mis redes sociales porque en nuestro día a día, Yolanda y yo, como madre y padre intentamos darle herramientas a Sara para que sea una niña independiente, libre, segura, curiosa, capaz y que no se calle ante las injusticias.

Por eso me siento orgulloso cada vez que me cuenta sobre la forma en que ella ve el mundo con el prisma de las "gafas moradas"* que lleva puestas y que le ayudan a cuestionar aquellas situaciones injustas normalizadas en la cultura, en el lenguaje, en las actitudes y en las miradas que colocan a las mujeres en una posición de desigualdad frente a los hombres. Como dicen las compañeras de "Móstoles Feminista": "Los logros en igualdad sirven de poco por sí solos si no van acompañados de un cambio en las mentalidades"**.

Con sus "gafas moradas" Sara está aprendiendo a identificar y poner en discusión cuando una canción, una película o una publicidad tienen un contenido machista; y cuando un gesto, una frase o una actitud de una profesora o profesor, de un compañero o compañera de escuela, o de cualquier persona de su entorno perpetúan unos roles de género basados en la desigualdad. 

Una de las tantas situaciones concretas en que Sara nos demostró que lleva puestas las "gafas moradas" sucedió en agosto pasado cuando fuimos a O Grove***, un hermoso pueblo costero gallego, en donde nos reunimos varios amigos y amigas con nuestras hijas e hijos para compartir tiempo, actualizaciones, comida y piscina.

Mientras las personas adultas charlábamos, los niños y niñas jugaban con unos juguetes para lanzar agua, la cual conseguían del baño del restaurante en el que estábamos. Al principio, solo los niñas jugaban con ellos, mientras los niños jugaban a otra cosa. Pero una de las veces en que entraron al baño para cargar los juguetes, uno de los meseros las regañó porque estaban desperdiciando el agua y mojando el suelo. Por ello dejaron de jugar y los niños comenzaron a utilizar dichos juguetes.

De acuerdo con las tres niñas -Claudia (hija de Olga y Marcos), Lucía (hija de Quico y Ana) y Sara-, el mesero fue permisivo con los niños porque a pesar de estar haciendo lo mismo que ellas hicieron, no les decía nada. Fue hasta el final que él los regañó (yo estaba en el baño cuando sucedió) y los niños pararon de jugar. 

No obstante, las niñas estaban indignadas porque consideraron que habían recibido un trato desigual por parte del mesero en comparación con los niños. Para Claudia el mesero había cometido una injusticia y para Sara se había comportado como un machista porque a ellas las había regañado con prontitud por ser niñas y con los niños había sido menos estricto.

Así que las tres decidieron ir a hablar con él y le dijeron que había sido injusto y machista. El mesero no supo qué decirles o no quiso explicarles el por qué de su actitud. Sin embargo, él después se acercó a nuestra mesa para explicarnos lo que había pasado y lo que las niñas le habían dicho.

Todos y todas en la mesa nos partimos de risa, y, al mismo tiempo, sentimos mucho orgullo por la actitud de nuestras hijas de no quedarse calladas ante lo que ellas consideraban un acto que lesionaba su derecho a ser tratadas con igualdad y por tener la valentía de enfrentar el problema mediante el diálogo.

Todavía hoy Sara se indigna cuando recuerda ese episodio, así como por el hecho de que el mesero no les explicara a ellas la diferente actitud que él asumió frente a los niños, pero sí nos lo explicara a las personas adultas. Lo que está claro es que Claudia, Sara y Lucía lo pusieron en una posición incómoda al hacerle ver su actitud diferenciada que posiblemente él veía con normalidad patriarcal.

Sin duda alguna, este hecho me confirma que Sara, a sus 11 años, es una niña que día a día se empodera y que su madre y yo debemos continuar acompañándola en este proceso de poner a su disposición todas las herramientas necesarias para que enfrente este mundo desigual con valentía y dignidad. Yo, como padre, como hombre, insisto que el feminismo no solamente la libera a ella, también me libera a mí y me desafía a ser coherente con sus postulados de igualdad y horizontalidad.

* Ponerse las gafas moradas es una metáfora creada por la escritoria Gema Lienas, que implica ver el mundo desde un enfoque feminista para darse cuenta de las relaciones desiguales de poder que someten a las mujeres.
 

miércoles, 10 de julio de 2019

El amor y la tranquilidad caben en una videollamada


Hace unos días hablé con mi hija por videollamada. Escucharle su acento gallego me provocó dos sentimientos: primero, sentí emoción porque independientemente del tiempo que ha pasado lejos de Galicia, en cuanto llegó a España recuperó su vena gallega que se ha mantenido viva a pesar de la distancia y gracias a la conexión virtual que mantiene con la familia y la tierra que la vio nacer, y a sus visitas anuales en los últimos nueve años.

Segundo, sentí tranquilidad porque aunque de cierta manera me duele verla a través de una pantalla por el momento, sé que está segura lejos de Honduras y de sus terribles circunstancias. Saberla al otro lado del Atlántico minimiza la culpa que  sentía a diario por haberla traído a este país con tan solo un año y alejarla de la seguridad integral que le brinda España. Inicialmente nuestra decisión fue venir por 4 años, pero Honduras con sus luces y sus sombras nos atrapó por casi 10.

Quizá suena terrible decirlo, pero estoy feliz de que Sara no esté aquí aunque su ausencia diaria sea un peso a veces insoportable. Pero es mejor así, en estos últimos 10 años el país se ha sumergido en una permanente y profunda crisis con graves impactos en la vida y los derechos de la población, y en la que los espacios democráticos se han reducido por completo.

De hecho, yo mismo debo reconocer que durante este tiempo he sentido que Honduras, mi país de origen, me ha quitado más de lo que me ha dado en los aspectos más importantes de la vida. Mientras tanto, siento que España, mi país de acogida, me ha demostrado que aunque no nací ahí, se preocupa y me trata con mucho cariño y consideración, lo cual me reafirma en mi sentimiento de orgullo de ser español y de pertenencia a esa otra miña terriña

Mis problemas de seguridad que se vieron agravados el año pasado son una prueba de ello: el embajador español se comunicó conmigo y se puso a mi disposición para adoptar todas las medidas necesarias con el fin de velar por mi seguridad, incluso de apoyar mi salida en caso de ser necesario. El Instituto de Derechos Humanos "Bartolomé de las Casas" de la Universidad Carlos III de Madrid donde estudié, me llamó para ofrecerme una estancia de un año con el objetivo de sacarme de Honduras mientras la situación se calmaba.

Varios profesores y profesoras de España, Portugal, Italia, México, Puerto Rico y Centroamérica firmaron una carta dirigida al gobierno hondureño manifestando su preocupación por mi seguridad. Y, obviamente, mis amistades y familia españolas me respaldaron y ofrecieron todo su apoyo.

Por todo ello, al hablar con mi hija mediante una videollamada me hizo sentirme feliz pese a la distancia que nos separa porque sé que está segura, que allá tiene un futuro cierto, que disfruta de más espacios para poder vivir con autonomía y desarrollarse como persona con las herramientas para la libertad que le hemos dado durante todo este tiempo. Así las cosas, ¿cómo no estar contento en medio de la tristeza de que esté en su país de nacimiento si España le puede ofrecer lo que Honduras no le puede dar o incluso le puede arrebatar?

Yo sé perfectamente lo que mi país de acogida puede dar además de la seguridad humana. Concretamente, en mi edad adulta España me regaló una compañera de viaje de lujo-Yolanda-, primero como pareja y ahora como amiga; me concedió la enorme oportunidad de estudiar en sus universidades; me dio amistades especiales y una hermosa nueva familia; y me ofreció el regalo más extraordinario, mi hija Sara, que ahora se encuentra segura y contenta lejos de Honduras.

Mi hija está tan bien que está participando en un campamento de verano organizado por el ayuntamiento de su ciudad natal. Ya lleva 5 días en él y por lo que sabemos está feliz, ya que además de compartir con su prima Gaby y de conocer a otros niños y niñas (incluso ya hizo nueva pandilla), está realizando una diversidad de actividades que van desde escalar en un rockódromo, hacer slack line (cuerda tensa), montar en bicicleta, practicar tiro con arco, fabricar refugios naturales y aprender técnicas básicas de supervivencia. También está practicando piragüismo, kayak polo, senderismo y kinball.

En fin, además de segura, sé que está feliz y con un mundo lleno de oportunidades para su realización personal. Y sinceramente, en estos tiempos tan inciertos y convulsos en Honduras prefiero conformarme con meter todo mi amor posible por Sara en una videollamada, y disfrutar su sonrisa y su mirada en una pantalla, esperando pacientemente el día en que vuelva a abrazarla.

sábado, 15 de junio de 2019

¡No soy un súper papá!

 

Cuando la mayoría de personas conocen la forma en que yo ejerzo mi paternidad sobran los comentarios positivos al respecto. Uno de los más frecuentes es que soy un súper papá porque en mi vida he priorizado mi faceta de padre por encima de mi faceta profesional o laboral, incluso de mi vida personal.

Que soy un súper papi porque tuve la fortuna de tener unas circunstancias personales y laborales que me han permitido cuidar de Sara mientras está pequeña y dedicarle mucho tiempo para comenzar a dirigir sus pasos por el camino de la libertad, la diversidad, la igualdad y la autonomía.

Que soy un súper papá porque siempre intento acompañar a mi hija a todos sus compromisos, ya sea a un partido de fútbol o de voleibol, o a cualquier otra actividad escolar o de otro tipo en la que ella se involucra. Sobre esto he de decir dos cosas: primero, Sara es una niña muy activa, así que Yolanda y yo la apoyamos en todas las cosas que decide implicarse.

Segundo, admito que llega un punto en que me resulta cansado este trajinar y por eso agradezco cuando ella viaja a España a pasar sus vacaciones de verano, ya que, como lo he confesado en otro momento, su ausencia me regala una enorme cuota de libertad para cambiar el ritmo a mis propias necesidades cotidianas y dedicarme un espacio solo para mí, como hombre y no como padre*. 

Hay gente que insiste en que soy un súper papi porque cada vez que llega la hora en que ella tiene que dormir yo dejo de hacer cualquier cosa, independientemente de su importancia, para dormirla con música y quedarme junto a ella hasta que se duerme profundamente.

Que soy un súper papá porque mientras yo estoy en la ciudad, voy a dejarle almuerzo a la escuela para verla y hacerle sentir que estoy cerca. Que soy un súper papi porque estoy pendiente de compartir con ella música y películas, y comprarle libros que le sirvan en su formación humana y feminista.

Que soy un súper papá porque Sara es el centro de mi mundo y mientras esté pequeña decidí que mi vida gire alredor de ella y sus intereses, aunque eso implique soledades y renuncias afectivas de otro tipo o profesionales. 

Y así, hay muchas más razones por las cuales la gente me dice que soy un súper papi.

Reconozco que al principio caí en la trampa ególatra de sentirme un hombre especial, igualitario, incluso feminista; comencé a compararme con otros padres y asumí una actitud de superioridad desde la que me atreví a juzgar otras paternidades a la luz de la mía.

Pero un día Yolanda me bajó de la nube y ante el recurrente comentario de que soy un súper papá, dijo que no lo soy, que solo soy un padre, que lo que hago es mi obligación, que no tiene nada de especial que ejerza mi paternidad de esta forma porque es parte de las implicaciones y significados de ser padre.

Y tiene toda la razón. No soy un súper papá. Simplemente actúo y me comporto como debemos hacerlo los hombres que somos padres. Yo entiendo que en una sociedad patriarcal no es común encontrar a hombres cuidadores y sensibles a las necesidades afectivas de nuestras hijas e hijos, y por eso se nos considera "especiales" a quienes lo somos.

Pero no, no soy un súper papá, lo que sucede es que ahora entiendo que ejercer una paternidad igualitaria implica renunciar a los privilegios de la masculinidad y paternidad dominante que carga sobre la espalda, los brazos y los corazones de las madres, abuelas y otras mujeres el cuidado de nuestras niñas y niños.

Sé que todavía tengo mucho por hacer y avanzar para ser más coherente con mi objetivo de convertirme en un padre igualitario, pero compruebo que estoy en el camino correcto cada vez que la persona más importante de mi vida, Sara, me dice constantemente: "Papi, en serio, vos sos el mejor papá del mundo". 

* No la extraño, sí la extraño

viernes, 22 de marzo de 2019

¡Feliz día del chocolate papi!


¡Gracias! -le dije- y le di un beso en la mejilla para despertarla.

Inmediatamente ella reaccionó abrazándome y diciéndome ¡feliz día del chocolate papi! y no pude evitar reírme ante la loca y cómica ocurrencia con la que Sara me felicitó el día del padre.

Y esa pequeña muestra de su hermosa cualidad de reírse de todo, aun estando media dormida, me reafirmó que tengo muchas razones para estar agradecido con ella y con esta paternidad que cada día me empuja a convertirme en una mejor persona y me desafía a buscar permanentemente mayores niveles de coherencia entre mi discurso de hombre igualitario y mi práctica cotidiana.

A lo largo de estos días no he dejado de pensar en todas aquellas cosas por las que esa mañana le dije gracias a Sara y de ratificar que su presencia me ha introducido en un interminable y complejo proceso de metamorfosis del hombre muy machista que antes fui, al hombre menos machista que ahora soy, pero con la vista puesta en el hombre igualitario que quiero ser en un futuro no tan lejano.

Desde entonces, han transcurrido 10 años de caminar hacia una paternidad igualitaria y gracias a la hermosa idea de mi nueva familia de Papás Blogueros de celebrar y "rescatar la alegría de ser papás", y "compartirla con la mayor cantidad de gente posible" en este mes de marzo*, aprovecho para compartir tres razones por las cuales le agradezco a Sara el regalo y el privilegio de ser padre, de ser su papi. 

Primero: Soy un hombre feliz y mucho más comprometido con los cambios socio-políticos para bien de los sectores más vulnerabilizados. A pesar de vivir en el país per cápita más peligroso del mundo para las personas defensoras de derechos humanos, la vida de Sara me llena de esperanza, de fuerza, de utopías y de alegría en medio de tanta miseria, muerte, machismo y desolación.

Desde que vinimos de España la mirada de mi hija  me ha dado el impulso necesario para acompañar y aprender de tantos hombres y mujeres valientes y admirables que trabajan incansablemente por una sociedad más justa y solidaria.

Hoy también comprendo que su radiante sonrisa es la poderosa razón que explica por qué me mantengo firme y optimista en esta lucha, pese a vivir en carne propia y ser testigo del sufrimiento que provocan las amenazas, el desplazamiento, el encarcelamiento y los asesinatos.

Gracias a Sara es que aún tengo energías para "seguir luchando por tener una mejor Honduras", como ella misma lo dijo hoy en el programa "América Libre" de Radio Progreso, al que mis amigos y compañeros Elvin Hernández e Ismael Moreno (Padre Melo) la invitan regularmente para analizar la realidad desde su madura mirada infantil.

Segundo: Soy un mejor hombre y cada día me esfuerzo más por relacionarme en un plano de igualdad con las mujeres y con las personas LGTBI. Sé que me falta muchísimo para alcanzar niveles aceptables de coherencia, pero los pasos que he dado son honestos y sin vuelta atrás; de hecho, me avergüenzo cuando se me salen por los poros los residuos machistas que todavía me habitan dentro y me aterra equivocarme en lo que digo y hago porque para mí significaría fallarle a mi hija que de alguna manera me ve como un referente.

En medio de mis incoherencias y desaciertos en la comunicación, intento permanentemente ser sincero y transparente con respecto a lo que puedo y me apetece dar, incluso cuando no sé lo que quiero, pero el norte que me sirve de guía es la horizontalidad, la cual estoy convencido debe sustentarse en el cuidado de las otras personas y el autocuidado.

Aunque admito que me falta un largo camino por recorrer para lograr abrirme y entregarme más alla del sexo ético y del amor sin adjetivos, también reconozco mi necesidad de quemar ordenadamente todas las etapas que se requieren para sanar las heridas acumuladas y de dialogar conmigo mismo sin prisas e, incluso, deteniéndome y volviendo a empezar.

Tercero: Soy un hombre más consciente, estudioso y preocupado por formarme y formar en género, feminismo y nuevas masculinidades. Esto me ha llevado a comprometerme a dar importantes pasos en tres niveles:

1. Me suscribo, leo y comparto blogs, artículos de revistas y libros sobre esos temas; además, tengo el privilegio de contar con compañeras que me acercan a ese tipo de lectura y me hacen regalos maravillosos como el que recientemente recibí de Helen Ocampo, quien me obsequió el libro "Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria" de Silvia Federici.

2. Desde el año pasado preparé y comencé a ofrecer un taller sobre "Derechos humanos, nuevas masculinidades y heteropatriarcado", a través del cual cuestiono el sistema patriarcal desde la lógica de la dignidad humana, la igualdad y no discriminación, y la democracia, pues los hombres no podemos continuar engañándonos en el sentido de creer que podemos ser o aparentar ser demócratas en el espacio público cuando en el ámbito privado somo unos machos autoritarios y nos comportamos como dictadores.

3. El año pasado me sumé a la iniciativa "No sin mujeres", mediante la cual centenares de académicos españoles "nos comprometemos públicamente a no participar como ponentes en ningún evento académico (Conferencia, Congreso, Jornadas o similar) o mesa redonda de más de dos ponentes donde no haya al menos una mujer en calidad de experta".

Debo reconocer que en algunas ocasiones yo he optado estratégicamente por participar en determinados espacios que no cumplen a cabalidad con lo anterior, pero lo he hecho para aprovechar el altavoz y hacer el señalamiento frente a la audiencia antes de iniciar o finalizar mi conferencia, lo cual ha dado muy buenos resultados en cuanto a colocar en el debate público la invisibilización de las mujeres en el ámbito académico y a exhortar a quienes organizan los eventos de este tipo a corregir esta desigualdad en el futuro inmediato.

Finalmente, deseo compartir que este es mi primer día y mes del padre formando parte de un colectivo maravilloso, "Papás Blogueros", animado por Joaquim Montaner. Me siento orgulloso y feliz de pertenecer a dicho grupo, pues gracias a él estoy conociendo las experiencias de otros papás que, al igual que yo, intentamos "visibilizar las nuevas paternidades y las masculinidades cuidadoras".

Todavía guardo con ilusión el correo que recibí de Joaquim el día 4 de octubre de 2018 en el que me preguntaba: "¿Te apetece sumarte a papasblogueros?" y me contaba que la "idea fundamental que hay detrás es visibilizar otras maneras de ser hombre, fundamentalmente a través de las vivencias, emociones, sentimientos... que genera la paternidad en nosotros". Obviamente mi respuesta inmediata fue "sí".

No puedo terminar esta entrada sin agradecer y brindar mi reconocimiento a Joaquim, pues se ha dado a la tarea de recopilar páginas de hombres que escriben en español sobre paternidades (ya somos más de 200 papás de varios continentes) y tenemos un grupo en Facebook y un canal en Telegram en donde compartimos nuestras experiencias del milagro cotidiano de ser padres igualitarios. 

Carnaval de blogs #mespadre