lunes, 13 de noviembre de 2017

De Hollywood a Madrid... a Tegucigalpa... (una carta)



Estocolmo, 12 de noviembre de 2017.

Hola Sara, desde hace días quiero platicar con vos sobre algo que seguramente vas a descubrir muy pronto y con toda su crudeza cuando te hagás mayor. Por la distancia decidí escribirte esta breve carta como una introducción a nuestra plática personal sobre un tema cuya gravedad no había asumido en su justa dimensión.

Cuando leí sobre las denuncias de varias mujeres que habían sufrido acoso y otras agresiones muy graves por parte de un productor de cine en Hollywood, llamado Harvey Weinstein, no dudé que no se trataba de un caso aislado, tal como lo evidenciaron las posteriores denuncias de muchas mujeres contra otros hombres en ese medio o en España y demás países.

Sin embargo, algo dentro de mí eludía aceptar que es una realidad que sufren muchísimas, si no todas las mujeres en el mundo, particularmente las que están cerca, las que son mis familiares, mis amigas, mis compañeras, mis colegas, mis conocidas.

Seguramente el machito que se niega a morir dentro de mí me disuadía a pensar que si bien es una situación extendida, no podía pasar en los espacios comunes en los que estoy involucrado. Incluso, la soberbia de considerarme un hombre que ha avanzado en encontrar otras formas igualitarias de relacionarme con las mujeres, me hizo autoexcluirme de esa violencia que es el machismo.

Pero luego llegaron las pláticas con compañeras y amigas, y las denuncias valientes de algunas de ellas sobre las agresiones que han sufrido y que sufren. Te juro Sara que cuando sentí la cercanía de las denuncias pensé inmediatamente en dos cosas.

En primer lugar, pensé en vos y en tu futuro como mujer, en lo que tendrás que enfrentar porque la gravedad de esta violencia tristemente no se acabará mañana. Me duele y me da vergüenza darme cuenta que miles de mujeres son asesinadas en tus dos mundos, América Latina y Europa, y que millones son víctimas de violencia machista como violencia sexual, violencia física y acoso sexual.

En segundo lugar, pensé en mí y fue como verme en un espejo porque automáticamente repasé algunas etapas de mi vida que pude recordar, y me dio miedo y asco al reconocer que en algunos momentos yo he sido y soy un machista, que he sido un acosador, que me he aprovechado de mi masculinidad patriarcal y que me he callado frente a las injusticias de género o frente a lo que Irantzu Varela llama "una guerra contra las mujeres".

No me justifico mi amor, pero debés saber que uno de los mayores triunfos del machismo y del patriarcado es habernos hecho normalizar los privilegios y el poder que tenemos los hombres sobre las mujeres, el considerar que ustedes son un objeto y son nuestra posesión, y que por eso podemos desde compartir impunemente fotos y videos privados de amigas, compañeras y conocidas, hasta agredir sus cuerpos.

Todo lo anterior me ha calado muy fuerte estos días y por eso quiero pedirte perdón y a través de vos a todas las mujeres a las que he tratado desde la concepción patriarcal de las relaciones. Pero mi amor, para tu tranquilidad mi machismo no ha llegado a los extremos más terribles y sé que no es suficiente con pedir perdón.

Por eso desde hace años inicié mi propio proceso de deconstrucción y construcción, y vos que sos mi hija sabés muy bien que como padre he intentado ser un ejemplo de paternidad igualitaria; también otras mujeres y hombres que están cerca de mí son testigos que pese a mis errores y mis retrocesos, intento avanzar hacia relaciones de igualdad y de dignidad.

También sé que todavía no es suficiente y por eso, mi amor, te prometo que, en general, voy a seguir con mi proceso personal para convertirme algún día en un hombre igualitario del que te sintás orgullosa. Mientras tanto, en concreto te prometo hacer y continuar haciendo algunas pequeñas cosas para aportar a esta lucha por la igualdad.

Este es mi decálogo de pequeñas promesas para vos:

1. Prometo cuidar mi tono de voz al hablar y al discutir, y no quedarme callado ante comentarios, bromas o chistes machistas y homofóbicos.

2. Prometo no compartir nunca fotos y videos privados de mujeres, o fotos en los que se ridiculiza a un hombre vistiéndolo de mujer, como si lo femenino fuera un insulto, y continuar reclamando cuando alguien cercano lo haga.

3. Prometo concientizar a mis amigos y compañeros sobre la importancia de las relaciones igualitarias.

4. Prometo estudiar mucho más sobre feminismo, igualdad, derechos de las mujeres y las niñas, y nuevas masculinidades, y compartirte todo lo que pueda para que vos te convirtás en una mujer feminista.

5. Prometo comprarte todos los libros y materiales que pueda y que te ayuden a empoderarte y a visibilizar la importancia de las mujeres en las ciencias, el arte, la política y en la historia de la humanidad en general.

6. Prometo intentar ser un buen compañero de tu mami en este viaje complejo y hermoso de maternidades y paternidades.

7. Prometo acompañarte en el día a día, apoyarte en tus sueños y en tu libertad, y en tus decisiones.

8. Prometo ponerme a tu lado en tus luchas, que estoy seguro serán bastantes porque vos sos una niña libre, valiente, autónoma, inteligente y lo serás mucho más cuando seás mujer, y eso no lo soporta el patriarcado.

9. Prometo seguir siendo tu compañero en esta aventura que es la vida, haciéndote reir, bailar, soñar, volar y luchar con alegría aún en medio de las tristezas.

10. Prometo dar todos los pasos necesarios, por muy pequeños que sean, para contribuir a que algún día se termine esta "guerra contra las mujeres".

Vos sos mi mayor motivación, mi vida, y por vos estoy convencido que debo aportar mi granito de arena para que este mundo sea menos patriarcal y más feminista.

Te amo, mi amor.

Tu papi.

domingo, 15 de octubre de 2017

La historia de una antiprincesa hondureña



Últimamente Sara tiene la costumbre de leer dos libros a la vez. Estos días ha estado leyendo "Tom Gates. Excusas perfectas y otras cosillas" (Liz Pichon) y "Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes" (Elena Favilli y Francesca Cavallo). 

El primero lo terminó hoy y se trata de un chico inteligente, talentoso y divertido, pero travieso que cuenta las aventuras más disparatadas que le ocurren durante sus dos semanas de vacaciones. El segundo trata sobre la historia de cien mujeres extraordinarias que rompieron las normas y que lucharon por sus sueños.

Las cien minibiografías abarcan mujeres de todas las épocas, países y profesiones; algunas de ellas son Alicia Alonso, Yoko Ono, Coco Chanel, Virginia Woolf, Eva Perón, Frida Kahlo, Violeta Parra, las hermanas Brontë, Serena y Venus Williams, Marie Curie, entre otras extraordinarias mujeres de las cuales yo sabía poco o nada hasta ahora que estoy leyendo este libro en los momentos que Sara no lo hace.

Una cuestión que noté del libro es que no aparece ninguna mujer hondureña, no porque no hayan, sino porque entiendo que para escribirlo se tuvo que hacer una selección. Afortunadamente, el día de hoy recibimos un hermoso regalo de una gran amiga, Isolda Arita, la directora de Editorial  Guaymuras.

A mí me regaló el libro "Prácticas electorales y cultura política en Honduras durante el siglo XIX (1812-1894)", escrito por Ethel García Buchard, y a Sara le regaló cuatro "pequeños grandes" libros: "Tengo una abuela de cien años y un poco más" y "Sieteperezas. La verdadera historia del niño más perezoso del mundo", ambos de Julio César Anariba Romero; "Lluvia de luciérnagas. La fantástica vida de Francisco Morazán" del equipo de redacción de Editorial Guaymuras; y "La maestra Choncita" de María Eugenia Ramos.

Al recibirlos, me pareció que este último era un complemento perfecto del libro "Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes", en el que como dije antes, no aparece ninguna hondureña, así que mi recomendación a Sara fue que leyera primero el libro de María Eugenia Ramos, ya que trata sobre la vida y el legado de Visitación Padilla (Choncita), una mujer "valiente y sabia" quien desde los quince años "empezó a trabajar como profesora, aunque todavía no tenía el título"; luego perteneció a una asociación de escritores y escritoras famosas, "El Ateneo Hondureño", al cual solo cuatro mujeres pertenecieron, entre ellas Choncita.

Después "participó en un movimiento para que los países de Centroamérica se volvieran a unir"; fundó junto con otros escritores y escritoras el periódico "Boletín de la Defensa Nacional"; luchó contra la dictadura del general Tiburcio Carías Andino; fue presidenta de una sociedad llamada "Cultura Femenina" a través de la cual "le enseñaban a leer y a escribir a las mujeres trabajadoras, que no habían tenido la oportunidad de ir a la escuela"; y realizó muchas acciones de protesta para que liberaran a las personas que habían sido encarceladas por oponerse al gobierno. 

Como dice María Eugenia Ramos, Choncita era una verdadera patriota, no de esas que desfilan los 15 de septiembre porque "[c]ualquiera puede desfilar, pero no cualquiera se pone en peligro para defender a su país". Sara tomó en cuenta mi recomendación e inmediatamente lo leyó y terminó hoy mismo (solo tiene 17 páginas y es de fácil lectura), así que aproveché para hacerle unas cuantas preguntas sobre este libro, las cuales a continuación reproduzco con sus respuestas respectivas.

¿Qué te pareció el libro?
Muy bonito. Es un buen libro. 

¿Qué aprendiste? 
Que Choncita ayudó a que las mujeres votaran. 

¿Quién era Choncita? 
Era una maestra. 

¿Por qué es importante que las mujeres voten? 
Porque las mujeres somos iguales que los hombres y no es justo que ellos tengan más derechos que nosotras. 

¿Para qué sirve el voto? 
Para elegir a un presidente, aunque JOH no está siguiendo las reglas porque está haciendo trampa. 

¿Qué le dirías a María Eugenia Ramos sobre el libro? 
Me gustó mucho leerlo. 

¿Por qué es importante conocer también las historias de heroínas hondureñas?
Porque ellas también han ayudado a mejorar el mundo, como Choncita ayudó a que las mujeres votaran.

Cuando Sara terminó de leer el libro se quedó pensando un instante y dijo: "El año en que yo nací (2008) declararon heroína nacional a Visitación Padilla".

Gracias Isolda por este hermoso regalo, gracias Editorial Guaymuras por apostarle a este tipo de literatura, gracias María Eugenia por mostrar a nuestros niños y niñas, especialmente a estas últimas, la historia de una "antiprincesa" y de una "niña rebelde" hondureña, cuyo ejemplo nos inspira día a día a aquellas mujeres y hombres que, pese a nuestras incoherencias, intentamos aportar nuestro granito de arena a la lucha por la igualdad de género y por un mundo más justo y compartido.

viernes, 15 de septiembre de 2017

Nueve años

La semana pasada Sara cumplió 9 años y estoy sorprendido cómo mi niña se está convirtiendo en una persona madura e independiente, a tal punto que comienzo a verla y sentirla como una pequeña compañera de viaje por esta vida, con quien me siento feliz y cómodo de compartir el mayor tiempo posible y de conversar sobre muchos temas.

Las últimas dos semanas hemos estado más cercanxs que de costumbre en el sentido de compartir momentos juntxs con mayor calidad, como irnos a la cama al mismo tiempo, leer un libro cada unx antes de dormir y compartir de qué se tratan. Como cada año tengo la meta de leer al menos 6 novelas u otros libros que no sean de Derecho y ya la cumplí, tengo que ser creativo para explicarle de qué se trata el libro jurídico que estoy leyendo actualmente.

Por su parte, Sara está enganchada con dos libros que está leyendo a la vez: "El Diario de Greg" (consta de once volúmenes, de los cuales ha terminado dos y va por el tercero), que cuenta de forma cómica la historia de un adolescente que comienza la secundaria, y "Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes", que trata sobre 100 historias de mujeres extraordinarias. Con este último libro he aprendido muchísimo porque gracias a él Sara me cuenta breves biografías de mujeres pintoras, científicas, deportistas, políticas, artistas, matemáticas, doctoras, astronautas, escritoras, etc.

En gran medida, estoy aprovechando más el tiempo con ella porque he decidido intentar no trabajar después de las 5 de la tarde, con lo cual coincidimos más para hacer cosas juntxs desde las primeras horas de la noche y dormirnos prácticamente a la misma hora, y también porque ella ha "tomado por asalto" mi cuarto y mi cama con la excusa de que su habitación huele a pintura a pesar que fue pintada hace 3 semanas. 

Aunque cada vez que le digo que la siguiente noche dormirá en su cama, su mirada de "falsa" súplica logra que no me oponga a que vuelva a quedarse connmigo pese a que me condena a intentar dormir entre el borde de mi cama y el suelo. Para su descargo, debo decir que ahora duermo mejor porque he seguido su consejo de no abandonar la parte de la cama que me toca, ya que según ella cuando invade mi espacio no es para que yo me haga a la orilla, sino para estar cerca. Por tanto, la solución es no moverme aunque siempre termina convirtiéndome en una especie de peluche o de almohada que utiliza a su antojo.

La cuestión es que estos días hemos aprovechado el tiempo para compartir más la cotidianidad. Hemos hecho las compras juntxs, hemos ido a tomar un yogur helado o un chocolate caliente, me ha acompañado a la oficina, hemos ido a comprar sus útiles escolares -ahora exige, con razón, escogerlos ella-, la he ido a buscar más días a la salida de la escuela, ha ido conmigo a buscar a una querida amiga mexicana (Gabriela) que anduvo por estas tierras, y entre las idas y venidas hemos tenido tiempo para platicar de todo. 

Por ejemplo, una de las cosas que ratificó al conocer a Gabriela es que a pesar del tiempo y la distancia (no nos mirábamos desde 2009), es posible que la amistad y el cariño se mantenga intacto. Comprender esto es fundamental para Sara debido a su pertenencia a dos raíces, a dos culturas, a dos países, a dos continentes. Por eso me alegra, por ejemplo, que siga manteniendo su amistad con Claudia, a la que ve solamente una vez al año.

Y en términos generales, es en los temas que propone para conversar donde me doy cuenta que está creciendo. Hemos hablado desde política -me asombra su claridad en cuanto a que la clase política tradicional es la mayor responsable de la situación tan grave que atraviesa el país- hasta para qué sirven y cómo se utilizan los preservativos, pese a la cara de asombro o verguenza de la cajera que nos atendía en un supermercado, pues teniendo en cuenta nuestro contexto, seguramente le pareció inconcebible que un padre y su hija de 9 años hablen tan abiertamente y con absoluta naturalidad sobre ello.

Veo hacia atrás y me parece increíble que hace apenas unos años Sara era una bebé. Recuerdo que cuando me sentía fatigado deseaba que comenzara a gatear y a caminar, pero luego era más cansado porque había que estar detrás de ella para cuidarla. Cuando tenía tres o cuatro años quería que fuera un poco mayor para que tuviera sus propios espacios de autonomía sin mí o sin su madre. 

Ahora que tiene 9 años y es tan madura e independiente, y comienza a mostrar signos de preadolescencia, reconozco que a veces siento nostalgia de aquellos días cuando era tan pequeñita. Hay momentos que estoy con ella en su habitación y me pide con mucho cariño: "Papi, podrías irte a tu cuarto por favor que quiero estar sola".

La primera vez que me lo dijo mi corazón se llenó de una mezcla de tristeza y alegría porque es parte de la aceptación de que con el paso de los años necesita construir sus propios espacios en donde su madre y yo no cabemos. Por eso aprovecho al máximo todo el tiempo posible con ella, sobre todo los momentos en los que está excesivamente cariñosa y me repite una y otra vez que me ama.


Celebrando con sus compañeros y compañeras de clase

Celebrando con algunas de sus amigas

lunes, 21 de agosto de 2017

Caminar sin miedo

Cuando Sara tenía 5 años me hizo una pregunta que siempre temí: ¿Por qué puedo caminar de noche en Panxón –un hermoso pueblo costero gallego donde pasa parte de sus vacaciones con la familia materna- y no en Honduras? 

A pesar de la inminente llegada de esa pregunta, nunca pude prepararme para encontrar una respuesta cierta pero que no la llenara de temor a un país en donde ha pasado la mayor parte de su niñez. 

Le respondí simplemente que desafortunadamente Honduras es un poco menos segura que España pero luego me preguntó por qué. Le dije que pese a ser un país muy rico y hermoso, a la mayor parte de quienes lo han gobernado no le ha importado generar condiciones para que la gente pueda vivir dignamente.

Con el paso de los años, Sara se ha dado cuenta que la situación es más grave de lo que yo intenté explicarle pues a pesar de nuestros esfuerzos por aislarla del ambiente de violencia ya no es ajena a lo que dicen los noticieros, los periódicos o sus amigxs y compañerxs de escuela cuando entre sus pláticas infantiles se cuela un hecho violento del que escucharon o fueron testigxs presenciales.

La muerte en el país parece que se ha normalizado y casi se ha convertido en un espectáculo, y es común que ante una escena en donde un cuerpo yace en el suelo –sea por muerte violenta o accidental-, se forman inmediatamente círculos humanos en los que a los niños y niñas se les reserva una posición preferencial en los hombros de las personas mayores, como para que no se pierdan los detalles del hecho.

Cada vez que me reúno con Sara en España, el corazón se me parte en dos. Por un lado me lleno de profunda tristeza y rabia al ratificar desde la distancia la riqueza y belleza de nuestro rinconcito caribeño central y continental que es Honduras, y que no se nos permite disfrutar al cien por cien por el funesto binomio de la impunidad y la corrupción que hiere al país en su mero corazón, y que como lo señala Julio Scherer Ibarra, se hermanan y promueven, y “al final ambas son causa y efecto en sí mismas. Se buscan, se necesitan y terminan por ser iguales”.

Y por otro lado, me lleno de alegría y orgullo al ver que mi hija camina sin miedo por las calles gallegas, y se vuelve más independiente y más autónoma gracias a la seguridad que aquí se respira. Evidentemente, hay un abismo enorme entre ser mujer en Honduras y serlo en España, y aunque en ambos países el patriarcado golpea con fuerza, al menos en el segundo, aún con todas sus debilidades, existe una institucionalidad y una sociedad menos tolerante a la violencia machista.

Hace dos noches quiso ir a escuchar música a la Plaza de los Gaiteros de Soutelo de Montes –el otro pueblo gallego en donde pasa el resto de sus vacaciones y que durante estos días celebra su feria-. Salimos a las 10:30pm de casa y caminamos de la mano un poco menos de 1 kilómetro. Pasamos por casa de su prima Martita, de 10 años, y junto a ella, la tía Ana y su novio Javier, fuimos a tomar y comer algo a un bar. Luego, cerca de la 1 de la madrugada nos despedimos y emprendimos el camino de regreso.

Fue hermoso caminar con mi hija a esa hora por las calles solitarias, viendo las estrellas y sin ningún temor. Nuevamente salió a relucir la diferencia de seguridad entre Honduras y España, y cómo la inseguridad puede limitar la autonomía de nuestra niñez.

Parte de nuestra plática se centró en el sueño de una Honduras libre del temor y la miseria donde nuestros niños y niñas puedan hacer de la calle un lugar seguro para el juego y la convivencia, como solía ser en los años de mi niñez.


 Vista panorámica de Panxón

Plaza de Los Gaiteros (Soutelo de Montes)